«Wonder Boy», el lado oculto de Olivier Rousteing

Silvia della Savia

Olivier Rousteing se convirtió en el director creativo de Balmain en 2011, con solo 25 años. Para muchos era solo un niño joven y bonito, aunque completamente incapaz de desempeñar un buen papel en la firma, por lo que casi todos apostaron por su fracaso. Pero sus capacidades lo han llevado a transportar hábilmente la maison hacia una identidad nueva y muy exitosa. De él dicen que al principio se tomó muy mal cada crítica hostil de la prensa, pero hoy ha madurado hasta el punto de reírse de sí mismo e, incluso, invitar a un importante editor a almorzar para agradecerle su imaginación a la hora de revisar negativamente cada colección que sacaba.

Nació el 13 de septiembre de 1986 y siete días después fue abandonado en un orfanato. Poco tiempo después fue adoptado por una pareja que vivía en el suroeste de Francia, en Burdeos. Amante de la moda, abandona sus estudios de derecho durante el primer año y se gradúa en diseño de moda en la prestigiosa École Supérieure des Artes et Techniques de la Mode en París, decidido a convertirse en una estrella de la fashion industry.

A los 18 se muda a Italia, donde da sus primeros pasos en el mundo del estilismo en el atelier de Roberto Cavalli en Florencia, gracias a una beca. En 2009 regresa a Paris y se une al equipo de Balmain, donde primero fue asistente del director creativo y dos años después toma su lugar, iniciando así su carrera hacia el éxito.

A pesar de su juventud ya cuenta con un documental: “Wonder boy. Niño prodigio”. Un reportaje inédito que no aborda su trabajo como diseñador, sino que explora los eventos personales e íntimos de Rousteing mientras busca a sus padres biológicos. Una cinta donde se cuenta su lado más humano, como su compromiso con los derechos de los niños que han sido adoptados, pero también el más sensible, como el momento exacto en el que el creativo se reúne con sus padres naturales.

Conocido por sus amigos famosos, del calibre de las hermanas Kardashian o pop stars como Rihanna o Beyoncé; por su moda extremadamente glamorosa y por plataformas sociales como Instagram, Olivier Rousteing saca en Wonder Boy su lado más profundo y menos conocido de sí mismo. De hecho, ha llegado a contar de él: “Qué aventura, qué historia, tantas emociones compartidas. Risas, lágrimas, amor, ira. Una historia de vida, mi vida”.