Dior y Chanel: dos leyendas de la moda que hicieron historia

Silvia della Savia

En la actualidad nos hemos acostumbrado tanto a ciertos elementos ya imprescindibles en el mundo de la moda, sobre todo los relacionados con la elegancia, que no reparamos en su historia y en qué diseñador los concibió por primera vez. Formas y volúmenes refinados y cuidados, diseñados para hacer que las mujeres se sientan libres para moverse en su mundo con extrema agilidad y facilidad.

Los primeros pasos de Coco

Coco Chanel

La primera mujer que revolucionó la moda femenina y la adaptó a la vida moderna fue Gabrielle Chanel o, como totos la conocemos, Coco Chanel. Nació en Francia el 19 de agosto de 1883 como hija ilegítima de una pareja muy pobre y creció en un orfanato regentado por monjas, lo que la llevó a desarrollar un amor por la ropa simple y rigurosa. Allí aprendió a coser y a bordar a mano y fue ahí también donde tomó prestados los colores básicos de las túnicas monásticas, blanco y negro, haciéndolos suyos para utilizarlos en sus prendas más iconicas. Antes de comenzar en el mundo de la moda trabajó en clubes nocturnos como cantante, de ahí su nombre artístico Coco.

Siempre le gustó rebelarse contra las costumbres y apostar por lo esencial. Cansada de los enormes sombreros que las damas utilizaban desde finales del s. XIX decidió crear una primera colección de sombreros mucho más simples y de corte limpio. Un diseño que se convirtió en uno de sus grandes iconos. En ese momento, Gabrielle comenzó a trabajar en varios prototipos de sombreros de paja, vendiéndolos a las ricas damas francesas.

Poco después abrió su primer taller, donde comenzó a diseñar sus primeras prendas y a trabajar con los accesorios que se convirtieron en fundamentales para ella. Allí crea otro de sus iconos, el vestido de tubo. Es algo que cambia por completo el vestuario de las mujeres, que todavía estaba compuesto por faldas largas y un corpiño con tablillas. ¡Coco quiere mujeres libres! Libres para moverse y trabajar y, gracias a ella, también comienza el proceso de independencia femenina.

Su moda era práctica, compuesta por prensas como el jersey, convirtiéndolo también en un símbolo de elegancia. Una de sus frases mas famosas fue: «Para ser realmente elegante, una mujer antes de salir debe mirarse al espejo y quitarse algo». Porque para ella la elegancia radicaba en el menos es más.

El ascenso de Christian Dior

En esos años en Francia, un nuevo estilista que trabajaba en una dirección diametralmente opuesta estaba dando grandes pasos: Christian Dior. Hijo de un conocido y famoso fabricante de fertilizantes, estudió ciencias políticas, pero se acercó al arte gracias a la galería donde comenzó a trabajar. Allí dio vida a sus primeros modelos y poco después comenzó a crear su primera colección.

A diferencia de Coco, vestía a las mujeres de forma suntuosa. Aunque ambos odiaban las faldas cortas, a Dior le encantaba la abundancia de largos y anchos. Sus creaciones eran simplemente fabulosas, parecían hechas para vestir a las reinas en la corte. La falda muy ajustada en la cintura se ensanchó hasta convertirse en una corola y refrescó los corsés con los listones. Tejidos de seda satén, estampados florales, etc., pero también le encantaban los colores suaves y el azul y el beige no podian faltar. En resumen, hizo todo lo que Coco pensó que era inapropiado.

Después de la guerra, Chanel se encontró con un escenario de la moda cambiado nuevamente por Christian Dior, con los cánones estéticos que ella aplaudía al revés. Ella, que luchó por la emancipación y había liberado a las mujeres de las crinolinas, los sombreros gigantes y los corsés incómodos, vío que Dior había puesto patas arriba todo por lo que ella que había trabajado hasta entonces.

Las dos maisons siguieron caminos muy distintos: Chanel con su estilo limpio y detalles inconfundibles y Dior con sus vestidos de ensueño para princesas. Ambos nos han dejado un gran patrimonio de estilo y, claramente, a cada uno de nosotros nos gustaría usar una de sus prendas al menos una vez en la vida, para sentirnos como esas mujeres emancipadas de antaño que corrían cómodas al trabajo y, a veces, princesas de un cuento de hadas.