Pasta de dientes, pintalabios y pintauñas, conoce su origen

María de la Plaza

Como todo en esta vida, lo que es visible a los ojos carga una historia a la espalda que muchas veces desconocemos. Y si hay algo que nos gusta hacer en BelAir es destapar los orígenes de productos, prendas o incluso personas.

Hoy vamos a conocer de dónde vienen productos que hemos integrado en nuestro día a día con total naturalidad, pero que, sin embargo, se llevan usando desde hace décadas. Es el caso la pasta de dientes, el pintalabios o los pintauñas.

¿De dónde viene la pasta de dientes?

Un elemento clave y fundamental para nuestra higiene y cuidado personal es, sin duda alguna, el cepillado de dientes diario. Para ello, utilizamos un cepillo, hilo, enjuague bucal y el componente estrella… ¡La pasta de dientes! Que es la que nos permite y ayuda a mantener nuestra boca limpia, fresca y sana, combatiendo la placa bacteriana y el sarro.

Si bien creemos que este es un producto avanzado y moderno, nos equivocamos. La higiene bucal ha preocupado desde tiempos inmemoriales, y, por ello, a lo largo de la historia surgieron diversas y algunas poco escrupulosas técnicas para limpiar nuestros dientes. Hace ya más de cuatro mil años, médicos egipcios crearon la primera pasta de dientes a base de piedra pómez pulverizada, sal, pimienta, agua, uñas de buey, mirra y cáscara de huevo.

Una técnica que evolucionó de forma diferente en diversas civilizaciones como, por ejemplo, las de los romanos y los griegos, quienes utilizaban su propia orina para enjuagarse la boca. Los árabes, por su parte, desarrollaron la utilización de una mezcla de productos abrasivos y raíces mientras que el Imperio Chino empleaba espinas de pescado machacadas para la higiene bucal.

Además, los expertos afirman que algunas culturas mesoamericanas utilizaban sustancias de origen vegetal y animal para tratar las caries, las molestias dentales y el mal aliento, así como hojas mascadas como un chicle para dar buen olor.

No fue hasta 1850 cuando Washington Sheffield Wentworth, cirujano dental y farmacéutico, desarrolló una mezcla pastosa a la que denominó “crema dentífrica”. Con la ayuda de su hijo creó el bote que hoy conocemos de pasta, ya que fue el que tuvo la idea de envasar esa mezcla pastosa en botes similares a los de la pintura para que su uso fuese más fácil y limpio.

No obstante, hasta 1896 no empezó a comercializarse, cuando de la mano de William Colgate se desarrolló la primera marca oficial de higiene dental con una formula mejorada. Sin duda alguna, la pasta de dientes ha experimentado muchos cambios a lo largo de la historia. De hecho, en los años 60 hubo pasta de dientes roja conseguida mediante tintura de cochinilla, a la que se denominó “El Torero”, y su particularidad residía en enrojecer las encías y resaltar por contraste el blanco de los dientes.

Y, para los más curiosos, ¿de qué está hecha la pasta de dientes que utilizamos hoy en día?

  • Polvo de tiza para pulir la dentadura.
  • Detergente espumoso para limpiarla.
  • Fluoruro, un producto químico para conservar los dientes.
  • Una sustancia gelatinosa hecha de algas para unir los ingredientes.
  • Esencias para dar sabor agradable al conjunto.
  • Desinfectante germicida.

¿De dónde viene el pintalabios?

Los labios son una parte importante de nuestro rostro, si los ojos son el espejo del alma, los labios lo son de nuestro estado de ánimo, saludo y edad. Hoy en día existen infinidad de firmas de pintalabios que buscan la fórmula perfecta, la que combina hidratación, pigmentación y larga duración.  

Pero la historia de los labiales se remonta a civilizaciones antiguas, en las que el maquillaje era un símbolo de estatus, utilizado tanto en mujeres como hombres. En Mesopotamia utilizaban una mezcla creada a base de insectos como la cochinilla, a la que añadían piedras preciosas y otros componentes naturales como la henna y la arcilla, machacados para formar una pasta y aplicarla sobre los labios.

En esta línea, los egipcios incorporaron los tonos más llamativos como el morado y el negro y, si bien se servían de insectos para pigmentar, también utilizaban sustancias nocivas como el plomo y una mezcla de bromo manitol y yodo, que pueden provocar enfermedades graves o, incluso, la muerte.

Por su parte, en el Imperio Griego utilizar un labial era signo de prostitución, por lo cual cada persona que ejerciese esta profesión estaba obligada, por ley, a utilizar labios oscuros. Bajo el marco de estas connotaciones negativas, durante el cristianismo, la iglesia condenó durante años el uso de este producto al asociarlo con adoraciones satánicas. No obstante, si permitía el bálsamo. En esta época, las mujeres recurrían a pellizcar, morder o frotar materiales contra los labios para enrojecerlos.  

No fue hasta el siglo XVI cuando el labial vuelve con más fuerza que nunca durante el reinado de la reina Elizabeth de Inglaterra, quien popularizó la piel pálida y los labios rojos.

A finales del siglo XIX, el fabricante francés Gerlain creó un producto en forma de palo hecho de sebo, cera de abejas y aceite de oliva envuelto en papel, a un precio muy asequible. Fue un éxito en ventas y popularizó el pintalabios. El comienzo del formato que hoy en día conocemos y que, con el tiempo, fue mejorando su aplicación y fórmula hasta convertirse incluso en un símbolo feminista.

¿De dónde vienen los pintauñas?

Nuestras manos y nuestros pies cobran protagonismo durante los meses de verano. Con vistas a lucirlos por el calorcito, recurrimos a los especialistas para encontrar los mejores cuidados y diseños.

Pero ¿cuál es el origen del pintauñas? Pues bien, se trata de una práctica estética que ya estaba en marcha en el 3.000 antes de cristo, cuando mujeres y hombres de la clase aristocrática se pintaba las uñas cubriéndolas con colores a base de pigmentos naturales como la henna. Sin embargo, cabe señalar que se trataba de una técnica utilizada exclusivamente por la alta sociedad por la falta de recursos de las clases populares.

Durante la dinastía Ming, en China fueron los primeros en preocuparse de que el esmalte tuviera una mayor duración, por lo que incorporaron cera de abeja o clara del huevo para intentar que el esmalte durase más tiempo. De hecho, hay constancia de que en el 600 antes de Cristo las clases gobernantes de China utilizaban esmaltes fabricados con oro y plata.

Años más tarde, con la peste acechando, lo población abandonó esta tendencia dejando sus uñas lo más cortas posibles por motivos de higiene. No fue hasta el siglo XX cuando los hermanos Charles y Martín Revson y Charles Lachman lanzaron al mercado el primer esmalte de uñas muy parecido a los actuales. Utilizaron como base un producto de la época dedicado a pintar los coches. Su uso fue popularizado por las estrellas de Hollywood y la llegada del cine en color, donde aparecían luciendo esmaltes de colores sólidos muy llamativos.